martes, 8 de mayo de 2012

¿La fibra, adelgaza?

La fibra como elemento nutricional va mucho más allá de su poder para regular la función intestinal. 

Es la reina en la prevención de enfermedades. 

Investigaciones realizadas han demostrado que la fibra forma parte esencial de la nutrición humana. Sin lugar a dudas, los efectos preventivos de enfermedades gastrointestinales y cardiovasculares hacen de la fibra un componente indispensable de la dieta diaria. 

Durante mucho tiempo se pensó que la fibra no era necesaria para el ser humano porque no podía se digerida. Se creía entonces que para mejorar los alimentos ésta debía eliminarse por medio de procedimientos industriales. Sin embargo, investigaciones realizadas han demostrado que la fibra forma parte esencial de la nutrición, por lo que actualmente se recomienda su consumo a diario. Elemento constitutivo de las paredes celulares y estructuras intercelulares de las plantas, la fibra es uno de los componentes más abundantes de la naturaleza, y si bien nuestro sistema digestivo no posee enzimas que puedan desintegrarla, ésta sirve para dar cuerpo y volumen al bolo alimenticio y finalmente a la materia fecal, es decir, la fibra tal como es juega un papel clave como reguladora de la actividad intestinal, por lo que su bajo consumo puede ser causa de graves dolencias. 
De hecho, no es una coincidencia que poblaciones con dietas ricas en fibra presenten una menor incidencia en enfermedades cardiovasculares y otras como cáncer de colon, hemorroides, obesidad o diabetes. Es así que cada vez más en el mundo occidental se promueve la ingesta diaria de fibra y, definitivamente, no se trata de una moda. 
La vida moderna suele convertirse en enemiga de la salud y, en este sentido, los especialistas en nutrición consideran que el valor preventivo de la fibra es muy alto como para dejarla fuera del plato. 
Hay dos tipos de fibra, cada una constituida por distintos componentes vegetales, y con funciones específicas. 
La fibra insoluble presente en todas la frutas y hortalizas, especialmente crudas, y en los cereales enteros y semirrefinados como la harina de maíz precocida semirrefinada y el arroz integral da mayor consistencia a los alimentos, razón por la cual la masticación se prolonga; así aumenta la sensación de saciedad y se evita el sobreconsumo. Esta clase de fibra también aumenta el volumen del bolo alimenticio y disminuye el tiempo de paso de los desechos, así se mejora el funcionamiento del sistema digestivo. Compuesta por celulosa, hemicelulosa y lignina, la fibra insoluble favorece, en general, la desintoxicación y ayuda a prevenir enfermedades gastrointestinales. 
La fibra soluble, por su parte, presenta en su composición pectina y gomas, y se encuentra en alimentos como la avena, los granos, frutas como el cambur, la lechosa y el plátano, y verduras como la espinaca, entre otras. La función principal de la fibra soluble es la de contribuir con la disminución de la absorción y aprovechamiento del azúcar, colesterol y triglicéridos en el aparato digestivo, de esta manera se reduce el riesgo de padecer enfermedades del corazón ya que también controla los niveles de colesterol en la sangre y de diabetes porque al ser la glucosa absorbida lentamente se mejora la tolerancia al azúcar. 
La OMS (organización mundial de la salud) recomienda un consumo diario de fibra de 15 a 20 gramos. Claro está, las personas que comen muchos productos animales deben incluir en su dieta mayor cantidad de alimentos frescos y ricos en fibra, pero la ingesta de éstos no tiene por qué llegar a niveles exagerados, lo lógico y lo más sano es evitar los extremos. 
Fibra para todos los gustos 
La fibra se encuentra exclusivamente en alimentos de origen vegetal, y se concentra especialmente en la cáscara y en las capas externas de los mismos. En el caso de las frutas, por ejemplo, la fibra que contienen puede perderse en el momento de pelarlas o al preparar las mismas en jugo, por lo que es conveniente comerlas "enteras" o tomar los jugos sin colar. De igual modo, se recomienda consumir las hortalizas crudas o cocidas al vapor, y se deben preferir los cereales de granos enteros como el arroz integral y el maíz. 


Pero más allá de los vegetales y frutas, también es posible encontrar la fibra en una serie de alimentos elaborados a base de cereales y harinas integrales que de igual modo aportan al organismo esta sustancia tan importante para la salud, y los cuales son conocidos como alimentos integrales. Tanto los alimentos integrales que pueden encontrarse en las tiendas naturistas como los complementos alimenticios son opciones muy válidas para quienes no coman suficientes alimentos frescos o para aquellos que piensen que en la variedad está el gusto. Como quiera que sea, el asunto es consumir la cantidad de fibra necesaria para sentirse bien.

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